sábado, 15 de abril de 2023

DE LA COMIDA DEL JUEVES 13 DE ABRIL DE 2023

  

En un día de primavera, luminoso y algo frío, de esos en que el que el viento se hace música en las hojas nuevas de los árboles, nos hemos reunido 12 conmilitones para celebrar, en la terraza cubierta del Club Mirasierra, la comida del segundo jueves de abril.

Y,  por primera vez desde que el custodio tiene memoria,  cuesta trabajo pensarlo y aún  más escribirlo, ni de lo acaecido durante la comida, ni de lo hablado en  la sobremesa, hay algo relevante que deba ser guardado en el silencio; todo ha sido normal y tan casi anodino, que, en algunos momentos, algunos de los conmilitones parecían cerca de estar dormidos.

Ni el embutido de León, ¡gracias, Pedro!; ni el queso de Castilla, ¡muy bueno Gaspar!; ni el espumoso, ¡cuánto sabes Vicente!; ni el chocolate suizo, ¡Gurri, Gurri, Gurri...!; han arrancado a los comilitones más allá del principio de un elogio y media sonrisa.

Y, ¡qué barbaridad!, tampoco animó a los reunidos la, en nada criticada, ausencia de los tres Antonios:  el amigo del notario celebrando, ¿será verdad?, lejos de aquí, su cumpleaños, ¡todas nuestras felicidades Antonio!; el de la gran sonrisa, sin poder moverse, ¡cuánta tristeza!, encerrado entre enormes camiones y  restos, miles de kilogramos, del tronco ahora muerto de  lo que fue un árbol precioso antes de que lo matase, hace dos años, la nevada Filomena; y el de Burgos, como dicen por ahí, complotando para organizar en Marbella una comida con César, Fernando y José Luis, para llorar, también con sus mujeres, sus hoy obligadas permanencias lejos del resto de los conmilitones.   

Y, por si no fuera bastante, ni el cálido verbo de Josemari, loando el vino, el jamón y el queso; ni el sabio decir de Eduardo, ¡lo que sabe!, sobre el cuidado de los niños, sus añosas y aguerridas madres; ni los añadidos de Ramiro, ¡cuánto rigor!, consiguieron de nadie, ¡de nadie!, el más mínimo atisbo de aplauso.

Pedro intentó animarse y animarnos, hablando sobre el real de a ocho, la ceca de Potosí, el bocado del 20 %, las monedas perdidas, los banqueros genoveses y esas cosas de las que tanto sabe; pero lo que consiguió fue nada, él siguió mustio y los demás como si nuestro tesorero no hubiera dicho una sola palabra.

Santiago, ¡siempre animoso!, tuvo frases de esperanza para el sueño, ¡ya es de todos!, de ver grandes cruceros visitando las Molucas indonesias…y, ¡ni por esas!, lo comensales lo escucharon como si no fuera ingeniero y estuviera dando palos al agua.

Las Altas Esferas, Pedro el joven y algún otro, los del sentido común,  también lo intentaron… y nada.

Así, ante tanto nada, el custodio pensaba aquí dejar cerrada la crónica de esta comida, tan extraña, del primer jueves después de Pascua; pero, ¡ah!, aunque por importante el custodio casi lo olvidaba,  hay que decir que Jorge, desde su encierro en Alcalá, y Eduardo el que habla búlgaro, desde una esquina de la mesa, sin pretenderlo, ¡ellos son humildes y buenos!, consiguieron la atención de todos, hasta de los ausentes, al recordar, con caluroso afecto,  las virtudes, ¡sobre todo la obediencia!, de nuestro compañero, de ese que pronto será santo y que preside en Roma el Gran Congreso General Extraordinario de La Obra.   

Y, ahora sí, podemos dar por cerrada la crónica de la comida del segundo jueves de abril de 2023, esta comida, tan única, en la que, aunque hemos disfrutado mucho, no ha pasado nada.

Nota: las fotografías, tanto las de la comida en el Club Mirasierra como las de las reuniones en la sala virtual de Fernando, estas se siguen celebrando todos los jueves, son, como siempre, de Gaspar.




































viernes, 10 de marzo de 2023

DE LA COMIDA DEL JUEVES 9 DE MARZO DE 2023

 

En un claro jueves de invierno, de esos que anuncian cercana la primavera, junto al gran ventanal del comedor grande del Club Mirasierra, nos hemos reunido 13 conmilitones para celebrar la comida del mes de marzo de 2023.

Y, por si acaso, decirlo es relevante, contra lo que el lunes, antes de ayer, anunciaba Josemari


Antes morir

y perecer

que no ir

a comer

y discutir ,

sin beber,

el porvenir.

¡¡¡ Qué placer

el poner a parir

a cualquier

acabado en ...reír !!!!

 

hoy ha sido un día de concordia, en el que nadie ha puesto a parir a nadie y en el que, durante toda la comida, incluida la sobremesa, ha reinado la paz.

Quizá por ello, y por la modestia propia de quienes hemos sido educados por los jesuitas, han sido vanos los intentos de Santiago y el custodio para hablar sobre La formación de selectos, comentar, reafirmar la actualidad de la obra del P. Ayala, y agradecerle el habernos educado como especiales. A fin de cuentas todos lo sabemos y, en estos tiempos en que prima lo vulgar, a pesar de nuestra edad, es mejor seguir tratando de influir, haciendo lo que hay que hacer, y callando cuando hay que callar. 

Así, en un ambiente de gran tranquilidad, Diego, el amigo sabio y bueno que, porque es ya octogenario, ha  invitado a todos a comer, ha compartido sus conocimientos y sus vivencias en el seno de la preciosa  iglesia que es San Antonio de los Alemanes  y en  la Hermandad del Refugio, que desde hace más de trescientos años sigue fiel a su propósito de hacer el bien.

Y, en la misma línea, aunque menos pío, Ramiro que de León sabe, tomó la palabra para explicar  y loar la tradición de las Cabezadas, esa interminable batalla dialéctica entre munícipes y clérigos de la Basílica de San Isidoro, que iniciada hace más de 800 años no parece pueda nunca terminar.

Más tarde, fuera ya de lo popular y religioso, José Luis, ha venido, al igual que Antonio, tarde, antes de marchar a Marbella, ha compartido con el grupo y contrastado con Pedro el joven sus expectativas, no excesivas, sobre la próxima representación de esa extraña zarzuela del siglo XVIII, que es La violación de Lucrecia.  A continuación, evadiendo  con elegancia todo comentario sobre la situación del Real Madrid y, con notoria prudencia, las cuentas públicas del Reino de España, José Luis, el gran maestro que aún es, bajó a tierra y, con algo de misterio y cierta  ceremonia, entregó al otro José Luis, al de las Altas Esferas, una gran caja llena por completo de bolas de golf. Y, más a más, no conforme con todo lo anterior, puso sobre la mesa y en nuestros teléfonos, rescatándolas de sus archivos más antiguos, varias fotografías de cuando, ¡lo fuimos!, éramos niños.

Y claro, porque una cosa lleva a otra, Gaspar puso en manos de un encantado marido otras antiguas fotografías en las que aparecía, jovencísima y preciosa, Almudena, la extraordinaria señora que es la mujer de Gurri.

Como es normal, los recuerdos del pasado, enseguida trajeron al presente las imágenes, de los conmilitones ausentes, Fernando  y Pedro el tesorero, ambos goterosos, Jorge encerrado en Alcalá, Antonio en Burgos… y las, tan queridas,  de los compañeros que están en el cielo, Pablo, Luis, Ricardo, Jesús, Naso, los dos Santiago, los dos Javier, Lorenzo y Luis Fernando, esta con la anécdota del peculiar profesor Vicente: - a la pizarra Lezo -, me llamo Luis Fernando Suarez de Lezo -; - a la pizarra Luis Fernando Suarez de Lezo y Cruz Conde -: y, a esta orden, saliendo a la pizarra, al mismo tiempo,  los dos primos, Suárez de Lezo y Cruz Conde.

Terminado el disfrute de aquella anécdota y, para añadir regocijo a la situación, alguien, el custodio no recuerda quién, con solemnidad, puso sobre la mesa una nueva y capciosa pregunta: ¿Quiénes de vosotros pensáis ir al registro para convertiros en mujer? Se hizo un gran silencio, durante mucho tiempo, doce segundos al menos, nadie se atrevió a abrir la boca, hasta que, Antonio, vendiendo a su amigo, habló: - ya sabéis, al que quiera, por si alguien lo necesita, le puedo dar el teléfono de mi notario.

Y sí, hubo más, muchas más cosas en la plácida comida de este segundo jueves de marzo; se habló de la deslocalización de Ferrovial, de las fieras y enloquecidas  manifestantes de ayer, de lo bien que estamos juntos, del valor de la familia, de lo importante de la ilusión…pero esto son temas que escapan al contenido de una crónica en la es importante conservar ese bien tan descuidado hoy, que es el pudor.

 

Nota

Las fotografías de la comida, como siempre, son de Gaspar; y las del colegio, como antes dijimos, de José Luis.