viernes, 10 de julio de 2026

DE LA COMIDA DEL JUEVES 9 DE JULIO DE 2026

 

Escondidos del sofocante calor seco del verano de Madrid en el fresco del comedor pequeño del Club Mirasierra, seis conmilitones de Areneros 1961 nos hemos reunido para celebrar nuestra comida mensual.

Y, acaso porque el calor en el exterior era espantoso, la temperatura interior deliciosa, la comida buena, éramos pocos y estaba presente José Enrique, la conversación ha sido extensa y, casi casi culta.

Por ello, y porque leer más allá de cuatro párrafos es tarea imposible para no pocos de los conmilitones. y además, el custodio, ¡es un perezoso!, en esta crónica solo ha recogido, de lo mucho hablado, lo que más le ha sorprendido.

Para empezar, aunque fue al final de la comida, José Enrique regaló a los presentes, ¡dedicados!, eso sí a cambio de la promesa de recibir muchas y muy buenas críticas, su decimocuarto libro …Y el Cáncer me visitó.

Y claro, es imprescindible aludir a ello, la luz de las obras de nuestro compañero sobre   Elcano y el amor a la Patria, llevó a comentarios sobre la carraca, la Santa María,  y las dos carabelas, la Pinta y la Niña, que llevaron a Colón a las Indias.

En este punto hubo una larga disquisición sobre el mérito de los marinos de Castilla para navegar conociendo solo latitudes y el mérito del relojero autodidacta, John Harrison, que hizo posible medir la longitud en el mar.

Y el inmenso mérito de Castilla, los castellanos y los españoles de todas las Españas al crear y mantener trescientos años el Imperio. Y eso a pesar de que siempre, ¡siempre!, hemos tenido temporadas, ¡largas!, con “sinvergüenzas y corruptos”, el escándalo de Potosí o los traslados de la Corte del Duque de Lerma, y  no es necesario citar más ejemplos, en los gobiernos.

Y también hemos tenido muy buenos hombres, desde los Balbos gaditanos que tanto apoyaron a Julio César, Hernán Cortés o los no pocos oidores que hicieron posible, años y años, el imperio de la Ley.

También se habló de la Villa de los Papiros la biblioteca más completa de la antigüedad sepultada por la erupción del Vesubio en el año 79 d. C; y de Plinio el Viejo, ¡que sabio tan admirable!

Y de más cosas, muchas más, pero, por aquello del calor y el respeto a la intimidad de los conmilitones presentes en la comida  de este segundo jueves, el custodio las deja en el olvido.




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