lunes, 18 de mayo de 2026

DE LA COMIDA DEL JUEVES 14 DE MAYO DE 2026.


Escribe Gaspar Blein

La primavera madrileña dando la razón a quien la califica de loca -unas veces frío pelón, otras calor pegajoso- nos obsequió con un día “cero grados, ni frío ni calor”, ciertamente agradable. Pero a lo que íbamos, respondiendo a la citación de las Altas Esferas allí llegamos ocho conmilitones, con Josemari y este redactor suplente al alimón en plan farolillo rojo.

Hay que empezar destacando la celebrada presencia, dejando atrás trastornos pasados, de Pedro, nuestro sin par tesorero que, fiel a su costumbre, no se olvidó de venir provisto del chorizo leonés.

Todo lo cual no quita para que sintiéramos las últimas ausencias inesperadas. José Luis el titular de estas crónicas, reponiéndose ya en casa de su reciente paso por el “taller”. También bajas de muy última hora, por fastidiosos imponderables, las de Diego y Fernando que habían anunciado su asistencia. Lo cierto es que se echa de menos a todos los demás que por unas cosas o por otras no pueden acompañarnos -Ramiro, Urive, Eduardo el médico, Santiago, César, Javier, los Antonios periféricos, José Luis el catedrático, Livinio, Jorge el Jesuita, E. Gimeno…- con el deseo de que pronto nos acompañen.

Enseguida nos instalamos en una mesa redonda junto al ventanal del fondo del comedor pequeño. En contra de lo habitual, tal vez por ser víspera de San Isidro (fiesta en Madrid) o vete tú a saber, en un abrir y cerrar de ojos teníamos los entrantes servidos, un agradable salmorejo cordobés elegido por la mayoría -salvo una lasaña y no sé qué otra cosa-, y también casi unanimidad en torno al codillo para los segundos, aunque alguno se desmarcó decantándose por el emperador a la plancha o por el revuelto de setas.

Antonio, el siempre sonriente, había traído dos botellas de tinto, uno genuino procedente de Argentina bastante aceptable, confirmado por el criterio experto de Nacho. La otra botella, que anticipándose con razón a mostrar su contenido se resistió a dejarse abrir como gato panza arriba, guardaba un vino nacional “apócrifo”, es decir sin alcohol, Antonio con resignación franciscana decía: ”… el caso es que todavía me quedan cinco botellas de este …” , está claro ¿no? Pues eso. No obstante, fue muy de agradecer la generosidad de Antonio.

Las conversaciones inicialmente dispersas y poco a poco generalizándose, tuvieron lugar acerca de temas diversos que mi deteriorado sentido del oído no lograba captar. Algún comentario entre José Luis, Pedro el joven y Gurri dio pie para que el otro Pedro dejase clara una vez más su aplastante autoridad en materia filatélica al tratar de colecciones, ejemplares únicos, etc., etc., enlazando enseguida con el notable valor de determinadas monedas de una peseta y cosas así.

Josemari, como es habitual, estuvo sembrado. Cuando después de varios intentos lograba, con gran esfuerzo, que se hiciera el silencio, escenificó pasadas anécdotas, Vg.: Aquella que con motivo de la anunciada visita a España, hace muuuuchos años, del príncipe heredero del Sha de Persia, o alguien muy importante de aquel país -si hoy lo denomináramos así en lugar de Irán nos estaríamos arriesgando a sufrir cualquier irreparable dañamiento-, un conocido personaje muy allegado familiarmente a los entresijos del poder, pretendió escaquearse de los actos protocolarios aduciendo el compromiso de tener que asistir a una cacería de leones organizada en su honor. El jefe de la diplomacia española de entonces, indignado, no dudó en recurrir a la más Alta Esfera, quien le tranquilizó solventando la situación de forma expedita. A los pocos días aparecía en portada de una conocida revista satírica de la época un anuncio del siguiente tenor literal: “Cambio marquesina vieja y usada por persiana nueva y estupenda”. Como era de esperar la revista fue suspendida durante quince días.

Poco después hablando de las habilidades literarias de unos y otros, del saber ubicar en la historia el uso de determinados artilugios mortíferos, o de la dirección del viento y su influencia en la navegación, relató Josemari junto con su primo Antonio, que por cierto mandaba un montón en su embarcación de recreo y a veces en otras, un hilarante sucedido al situarse torpemente un invitado para hacer pis por la borda equivocada, ignorando lo de barlovento y sotavento, con las consecuencias previsibles.

Se habló también de otras cosas, como nuestros primeros escarceos con el alcohol hace la tira de años. El recuerdo de las iniciales actuaciones profesionales del añorado Javier Herrero en la construcción de uno de los túneles de Guadarrama, sirvieron para que José Luis nos ilustrara acerca de la tecnología y eficacia de las tuneladoras actuales. Y más y más…

Casi al mismo tiempo que el postre, el café y los chupitos, Curri repartió sus tradicionales chocolates. Los también magníficos de Fernando digo yo que, superados algunos contratiempos, esperan para celebrar su presencia en la próxima comida.

Y como esta vez ni mus ni zarandajas, con mucha tarde todavía por delante, hicimos mutis por el foro, tomando el camino a nuestras casas o lo que sea, en espera del segundo jueves de junio y colorín colorado…

Como viene siendo habitual, muy reconfortante y agradable comida.

GASPI

REDACTOR SUPLENTE. Con la supervisión de José Luis, Custodio titular, y de algún Conmilitón más




















domingo, 12 de abril de 2026

DE LA COMIDA DEL JUEVES 9 DE ABRIL DE 2026


En un luminoso día de la primavera de Madrid, sentados alrededor de la mesa redonda del renovado comedor pequeño del Club Mirasierra, doce conmilitones, siete ingenieros, dos de Icade, un politólogo con idiomas, un arquitecto y un médico, de la promoción del año 1961 del Colegio de Areneros, nos hemos reunido para celebrar nuestra comida mensual.

Y, antes de entrar en los muchos y poliédricos temas que se han tratado en la deliciosamente variada, larga y pacífica conversación de la comida de hoy, una pregunta retórica y una posible respuesta para pensar.

Primero la pregunta; me diréis, si de niños aprendimos que no se deben aplaudir los propios éxitos y nunca, ¡ninguno!, lo hacemos, ¿por qué comienza esta crónica subrayando que los jóvenes salidos de Areneros algo sabemos o, al menos, hemos estudiado bastante?

Y ahora esa posible respuesta: eran años muy, muy difíciles y, en la base de nuestra educación estaba la convicción, compartida por nuestras familias, de que en la vida de un hombre de bien lo más importante era la fe en Dios y, no importaba cuanto esfuerzo, calladitos, cumplir cada uno con su obligación.

Pero no, no profundizaremos más, esto es la crónica de una comida y no un lugar para lucubrar.

El apagón, se habló del apagón, del accidente de Ademuz, de los prebostes cutres, ignorantes y corruptos de nuestros gobiernos; de la guerra de Irán, de la homosexualidad y de otras cuestiones “importantes” sobre las que nuestra incidencia es ahora, para bien o para mal, ninguna.

También se habló de los muertos, ¡hombres sabios y buenos!, y, pensamos, del resto de los ausentes, ¡ya diremos, como de todos, que fueron excelentes!

Y, de cómo han cambiado las cosas en nuestra vida; en la forma de trabajar; en el cuanto del poder de las mujeres en nuestra juventud y del papel, tan duro, que ahora tienen que desempeñar nuestras hijas en una sociedad plena de competencia desleal.

Y Josemari nos llevó a sus asombrados paseos por palacios italianos e ingleses; Antonio, las Altas Esferas compararon, con Eduardo, para nosotros les cualidades de media docena de campos de golf; y Gurri, ¡qué memoria!, nos regaló imágenes de Jorge y el mismo Eduardo, de niños, haciendo maldades.

Ah, además, de disfrutar mucho del queso de Gaspar y el chocolate de Gurri, se celebró la victoria, ayer o antes de ayer, del Atlético de Madrid sobre el Barcelona y hubo tiempo para compartir, ¡qué vergüenza!, algunos secretos muy secretos que, por la mañana, habían conocido los asistentes a la reunión en la sala virtual de Fernando.

Y, poniendo de relieve que las fotografías, salvo alguna de Pedro el Joven, son de Gaspar, damos en este momento, por terminada la crónica de la reunión de los conmilitones del mes de abril de 2026.
































































domingo, 15 de marzo de 2026

DE LA COMIDA DEL JUEVES 12 DE MARZO DE 2026

En un luminoso día que anticipa, con prunos y almendros en flor, la preciosa primavera de Madrid, en la sala virtual de Fernando, seis conmilitones de Areneros 61, bajo la experta guía de Jorge, discutíamos acaloradamente sobre la importancia  del amor y del odio, de esos sentimientos, ¡tan próximos y exigentes!, y la forma en que, junto a los pecados capitales,  sus virtudes contrapuestas y las teologales, inciden  en la configuración de nuestra sociedad, cuando las Altas Esferas, en forma de WhatsApp, irrumpieron en el lugar para anunciar que, por primera vez desde que tenemos memoria, la comida mensual, ¡hoy es segundo jueves de marzo!, no se podía celebrar en el Club Mirasierra.

¡Tremendo!, el impacto fue espantoso, el desconcierto total y solo la profunda fe de los conmilitones en la capacidad de las Altas Esferas para resolver cualquier tipo de problema,  permitió, sumidos en una inquieta pereza, mantener la calma a Jorge, Gaspar, Ramiro y el Custodio, mientras Josemari, con la diligencia que le caracteriza, intentaba convencer a Fernando, ¡este no quería por nada del mundo!, para que abriese su casa a todos los conmilitones para celebrar en ella la comida mensual. Afortunadamente, antes de que el enfrentamiento pasase a ser de palabras gruesas, un nuevo WhatsApp de las Altas Esferas, resolvió el tema: la comida de hoy, jueves 12 de febrero de 2026, se celebrará en el Club Internacional de Tenis de Majadahonda; y, con este anuncio cerró la reunión en la sala virtual de Fernando.

Así, en el gran comedor del Club Internacional de Tenis, las Altas Esferas y el Custodio, los primeros que llegaron, disfrutaron viendo aparecer, todos sonrientes, a Ignacio, Gurri, Diego, Ramiro, Gaspar, Josemari, Pedro, y Antonio, este algo retrasado porque, por aquello de la costumbre, dio un paseo desde su casa hasta la Calle Costa Brava antes de volver a Majadahonda. 

Y, esto hay que decirlo muy alto, todos y cada uno de los conmilitones, al sentarse en la mesa, recibieron un ejemplar dedicado por el autor, con letra casi legible, de Escrito para mis nietos, un precioso libro obra del Custodio, que, eso sí, fue retribuido, ¡era obligatorio!, con elogios aparentemente sinceros.

Con un menú más o menos similar al del Club Mirasierra, durante toda la comida, la conversación, ¡sin apartajos ni aspavientos!, fue intensa en la forma y  variada en los contenidos: la situación de la Hermandad del Refugio; las monjas, santas misioneras en América, de nuestras familias; la calidad de los nuevos audífonos; los apuros económicos sobrevenidos a la Asociación de Gurri; los coches más duraderos; los sindicatos, los salarios, la productividad, la calidad de las inversiones, las limitaciones de la Red Eléctrica;  y la eficiencia de la gestión en España; la doble o triple moral de los políticos…

Y, claro, también, ¡aunque interrumpidos por Fernando, que llamó dos veces para comprobar cuantos conmilitones estábamos comiendo, de qué estábamos hablando y si su persona o sus obras estaban siendo criticadas!, se habló del drama que es la guerra, de la campaña del No a la Guerra del doctor que nos gobierna y de mil cosas del extraño mundo que estamos, ¡a nuestros años!, viviendo.

También se habló, algo, pero no mucho, del II Libro del Colegio, ¡magnífico!, que preparan Gaspar, las Altas Esferas y el Custodio.

En fin, todo, aún con el cambio de lugar, sin olvidar a Pedro el Tesorero, ¡se está recuperando!, los dos Antonio, Livinio, los dos Eduardo, Santiago, y al resto de los ausentes, se habló más o menos de lo mismo que en las comidas de cualquier otro segundo jueves y todos nos sentimos extremadamente satisfechos por haber estado reunidos y disfrutando la fortuna de estar entre nuestros compañeros, ¡desde hace 70 años!, de colegio.

Y, esto ha sido una novedad especial, al final de la comida, sobre las cinco de la tarde, Antonio propuso terminar la velada tomando unas copas, en su casa, muy próxima al Club Internacional de Tenis.

Dicho y hecho, en unos minutos los conmilitones estábamos sentados en la terraza, ¡inmejorable!,  de Antonio, disfrutando de su hospitalidad, bebiendo alcohol, ¡poco!, y hablando, tranquilamente, de lo mismo que siempre.

Y, porque la memoria del Custodio algo flaquea y, ¡esto es peor!, no sabe que añadir de lo que recuerda, aquí termina la crónica de lo acaecido en este luminoso día de invierno que anuncia la primavera.

Nota: las fotografías de Gaspar aparecerán en esta entrada tan pronto sea posible, mientras tanto, por favor, aceptad, ¡contentitos!, dos pasables  que nos ofrece el señor de las altas Esferas.