Escribe Gaspar Blein
La primavera madrileña dando la
razón a quien la califica de loca -unas veces frío pelón, otras calor pegajoso-
nos obsequió con un día “cero grados, ni frío ni calor”, ciertamente agradable.
Pero a lo que íbamos, respondiendo a la citación de las Altas Esferas allí
llegamos ocho conmilitones, con Josemari y este redactor suplente al alimón en
plan farolillo rojo.
Hay que empezar destacando la
celebrada presencia, dejando atrás trastornos pasados, de Pedro, nuestro sin
par tesorero que, fiel a su costumbre, no se olvidó de venir provisto del
chorizo leonés.
Todo lo cual no quita para que
sintiéramos las últimas ausencias inesperadas. José Luis el titular de estas
crónicas, reponiéndose ya en casa de su reciente paso por el “taller”. También
bajas de muy última hora, por fastidiosos imponderables, las de Diego y
Fernando que habían anunciado su asistencia. Lo cierto es que se echa de menos
a todos los demás que por unas cosas o por otras no pueden acompañarnos
-Ramiro, Urive, Eduardo el médico, Santiago, César, Javier, los Antonios
periféricos, José Luis el catedrático, Livinio, Jorge el Jesuita, E. Gimeno…-
con el deseo de que pronto nos acompañen.
Enseguida nos instalamos en una
mesa redonda junto al ventanal del fondo del comedor pequeño. En contra de lo
habitual, tal vez por ser víspera de San Isidro (fiesta en Madrid) o vete tú a
saber, en un abrir y cerrar de ojos teníamos los entrantes servidos, un
agradable salmorejo cordobés elegido por la mayoría -salvo una lasaña y no sé
qué otra cosa-, y también casi unanimidad en torno al codillo para los
segundos, aunque alguno se desmarcó decantándose por el emperador a la plancha
o por el revuelto de setas.
Antonio, el siempre sonriente,
había traído dos botellas de tinto, uno genuino procedente de Argentina
bastante aceptable, confirmado por el criterio experto de Nacho. La otra
botella, que anticipándose con razón a mostrar su contenido se resistió a dejarse
abrir como gato panza arriba, guardaba un vino nacional “apócrifo”, es decir
sin alcohol, Antonio con resignación franciscana decía: ”… el caso es que
todavía me quedan cinco botellas de este …” , está claro ¿no? Pues eso. No
obstante, fue muy de agradecer la generosidad de Antonio.
Las conversaciones inicialmente
dispersas y poco a poco generalizándose, tuvieron lugar acerca de temas
diversos que mi deteriorado sentido del oído no lograba captar. Algún
comentario entre José Luis, Pedro el joven y Gurri dio pie para que el otro
Pedro dejase clara una vez más su aplastante autoridad en materia filatélica al
tratar de colecciones, ejemplares únicos, etc., etc., enlazando enseguida con
el notable valor de determinadas monedas de una peseta y cosas así.
Josemari, como es habitual,
estuvo sembrado. Cuando después de varios intentos lograba, con gran esfuerzo,
que se hiciera el silencio, escenificó pasadas anécdotas, Vg.: Aquella que con
motivo de la anunciada visita a España, hace muuuuchos años, del príncipe
heredero del Sha de Persia, o alguien muy importante de aquel país -si hoy lo
denomináramos así en lugar de Irán nos estaríamos arriesgando a sufrir
cualquier irreparable dañamiento-, un conocido personaje muy allegado
familiarmente a los entresijos del poder, pretendió escaquearse de los actos
protocolarios aduciendo el compromiso de tener que asistir a una cacería de
leones organizada en su honor. El jefe de la diplomacia española de entonces,
indignado, no dudó en recurrir a la más Alta Esfera, quien le tranquilizó
solventando la situación de forma expedita. A los pocos días aparecía en
portada de una conocida revista satírica de la época un anuncio del siguiente
tenor literal: “Cambio marquesina vieja y usada por persiana nueva y
estupenda”. Como era de esperar la revista fue suspendida durante quince
días.
Poco después hablando de las
habilidades literarias de unos y otros, del saber ubicar en la historia el uso
de determinados artilugios mortíferos, o de la dirección del viento y su
influencia en la navegación, relató Josemari junto con su primo Antonio, que
por cierto mandaba un montón en su embarcación de recreo y a veces en otras, un
hilarante sucedido al situarse torpemente un invitado para hacer pis por la
borda equivocada, ignorando lo de barlovento y sotavento, con las consecuencias
previsibles.
Se habló también de otras
cosas, como nuestros primeros escarceos con el alcohol hace la tira de años. El
recuerdo de las iniciales actuaciones profesionales del añorado Javier Herrero
en la construcción de uno de los túneles de Guadarrama, sirvieron para que José
Luis nos ilustrara acerca de la tecnología y eficacia de las tuneladoras
actuales. Y más y más…
Casi al mismo tiempo que el
postre, el café y los chupitos, Curri repartió sus tradicionales chocolates.
Los también magníficos de Fernando digo yo que, superados algunos
contratiempos, esperan para celebrar su presencia en la próxima comida.
Y como esta vez ni mus ni
zarandajas, con mucha tarde todavía por delante, hicimos mutis por el foro,
tomando el camino a nuestras casas o lo que sea, en espera del segundo jueves
de junio y colorín colorado…
Como viene siendo habitual, muy
reconfortante y agradable comida.
GASPI
REDACTOR SUPLENTE. Con la
supervisión de José Luis, Custodio titular, y de algún Conmilitón más