viernes, 9 de octubre de 2020

DE LA COMIDA VIRTUAL DEL JUEVES 8 DE OCTUBRE DE 2020

  

Aunque airados por el encierro que, ¡otra vez!, ha hecho imposible la comida en el Club Mirasierra, sacrificando sus paseos por las soleadas calles donde se esconden de la pandemia, los nada osados conmilitones, hoy han sido trece, se han reunido, desde sus casas, añorando esperanzados las comidas reales, ¡es magia!, en el zoom, para estar juntos en la comida virtual del segundo jueves de octubre.

La reunión, abierta, puntualmente a las 12:00, por Fernando, comenzó con la muy triste noticia de la muerte de Cristina, la hija de nuestro compañero Fernando González – Camino. Para ella imploramos al Señor que la acoja en su seno y para sus padres, que les sea concedida resignación, ánimo, mucha fe y también esperanza, ante tan terrible pérdida. 

Más tarde, para sorpresa del Custodio, por una vez, la comida virtual ha sido diferente, se han tratado temas que nunca antes habían sido analizados y  menos aún,  discutidos, por los conmilitones: los vínculos, ¡es calumnia!, de Jorge, con los iluminados; los peligros del radón y las garrapatas, la bondad de las  pastelerías de Santander, la importancia y actualidad del Código de Hammurabi, el espacio en la pintura de Velázquez, el color en Sorolla; los nuevos platos en la cocina de Gurri, los dilemas de José Luis como líder y editor; la vacuna de la gripe y la posibilidad que  tenemos de salir, con vida, de la pandemia; las noticias y el recuerdo cariñoso de nuestros enfermos;  y, como colofón, la calidad y belleza de la poesía del Custodio, que llega al corazón de todos.

Iremos por partes: Josemari, acaso enrabietado por tanto encierro, con cierta sorna, puso sobre la mesa el vacío que existe en nuestra educación, ¡callado lo tenían!, sobre la importancia de los alumbrados (algunos los dicen iluminados), el asunto del convento de San Plácido y la sospecha, demostrada luego su falsedad, de connivencia con nuestra herejía local, de Santa Teresa, el beato Juan de Ávila y, ¡sorpresa!, San Ignacio de Loyola y otros de los primeros jesuitas. Como es evidente, salvo Jorge y alguno más, nadie sabía nada del tema, a lo más que uno se atrevió a pensar, no a decir, es que los iluminados fueron y siguen siendo la sucursal española de la secta nizarí de los hashshashin, los  asesinos, importada a Madrid por un primo de la Calderona; como es evidente, Josemari, con la ayuda de Jorge, deshicieron el entuerto y pusieron las cosas en su sitio.

Sobre el radón, las garrapatas y sus peligros Antonio habló largo y bien, hizo énfasis en la abundancia de ese gas, abundante en Torrelodones y en otras zonas de mucho granito; luego pasó a recordar  las investigaciones, con éxito,  del doctor Mingo Alsina, padre del Custodio, para descubrir, en los años cincuenta del Siglo XX, el tratamiento que elimina del ser humano la fiebre exantemática mediterránea (garrapatosis), que produce la garrapata del conejo;  y, en este sentido Gaspar, con emoción, recordó haber visto, de niño, al doctor Mingo, en el momento en que este encontró, oculta en la cabeza de su hermano, la garrapata que le había infectado. En todo caso, Antonio terminó su doctísima locución  despejando todas la preocupación  de la mente de los conmilitones: el radón,  porque es un gas, al aire libre o con buena ventilación, es del todo inofensivo, y la garrapatosis, porque además de haber tratamiento, en España, porque no hay  conejos, se puede decir que ha desaparecido.Y, lo debemos tener muy presente, Lorenzo añadió que, como el radón, si se usa mascarilla, en el exterior, el Covid 19, casi del todo seguro, es inofensivo.

Los detalles de lo que se habló sobre las pastelerías de Santander, la mejores de España, mejor no decir nada, ya hay demasiadas goteras en los conmilitones como para animarlos a consumir más y mejor azúcar. Quede pues constancia de lo tratado y, con tristeza, de lo olvidado.

Aunque es imposible recordar el motivo, los conmilitones dedicaron varios minutos, todos seguidos y sin interrupciones a comentar la importancia y actualidad del Código de Hammurabi, ese del “ojo por ojo y diente por diente”, asumido por la Biblia (y de actualidad en España por las fechorías del actual gobierno),  porque el Rey de Babilonia consiguió, mediante la aplicación de la Ley, eliminar la cadena de venganzas que desencadena, para años y años, un crimen que queda  impune. Y el Custodio quiere aquí mostrar su orgullo: solo algunas personas, cultas y bien educadas, como son los conmilitones, Eduardo lo recalca, saben de la existencia y el valor de la obra de un rey que vivió, se dice pronto, hace 3.900 años. 

 

Gurri, que ha dedicado media hora a estar activo en la sala durante el tiempo que le ha quedado libre entre su visita, esta misma mañana, al Museo Sorolla y la preparación de la gran comida que ha preparado para disfrutar hoy en casa, ha disertado sobre el placer que ofrece la pintura de Sorolla, pero cuando ha comenzado a decir algo sobre el color en la pintura se ha visto obligado a dejarlo: Gaspar y Antonio, no se olvidan de que fueron arquitectos, tomaron la palabra y hablaron, y hablaron, y hablaron; menos mal que  Jorge metió baza,  él, porque  ha visto  los Sorolla acumulados en Estados Unidos puede, con motivo, opinar; y hasta algún otro, el Custodio cree que fue Ramiro, (en Almuñecar todavía y preparando su regreso a Madrid), recordó a Claude Monet, nos hizo ver a Velázquez y pronunció apasionadas palabras para fijar en nuestras mentes la grandeza de Sorolla.

José Luis, aunque ya lo había escrito en el WhatsApp, para que no haya ninguna duda, ha ratificado que la comida de hoy, segundo jueves de octubre de 2020 queda aplazada al próximo primer jueves en que las limitaciones a que obliga el virus de la pandemia se atenúen y, legalmente, podemos celebrarla; es decir, que la comida de este mes será el tercero o cuarto jueves de octubre. Y, como era debido, todos los presentes asumimos, satisfechos, la decisión adoptada por la autoridad competente, que se dice.

Y, en su faceta de Editor, José Luis informó de las gestiones, complejas sin duda, que está realizando para la edición de El Libro; y, aunque pidió apoyo para realizar este difícil trabajo, todo entendimos que solo lo hizo por su buena educación, él sabe bien qué se puede esperar, si se puede esperar algo, de sus compañeros conmilitones;  

En cuanto a la posibilidad que  tenemos de salir, con vida, de la pandemia, hoy, por primera vez en muchas semanas, los conmilitones se han mostrado más optimistas, hay noticias de varias personas próximas, incluidas algunas mayores en edad que el común de Areneros 1961, que han salido, tocaditas pero bien, del trance de nuestros días y, alguno de los presentes, quizá Ramiro, asegura que si conseguimos, no es fácil, vacunarnos de la gripe (Pedro, el tesorero informó de su gratuidad) dos tercios del camino está hecho. Bien es verdad que también hay casos especiales, como el del amigo de 84 años, ingeniero, tenía que ser ingeniero, que en la misma iglesia, en un instante, después de comulgar, sin decir ni pío, subió al cielo; pero como estamos hablando de un santo, dice “un listo”, no tenemos necesidad de preocuparnos.

Y, esto como siempre, decir que estuvieron presentes en la conversación los compañeros que, con valor, siguen luchando para superar los grandes males que, con la enfermedad, la vida, una vez más, los está probando. Rogamos al Altísimo para que les conceda lo que sea mejor para ellos.

Y, para terminar la crónica de este día, tan delicioso como diferente, recordar la  inmensa loa que este Custodio hizo de sí mismo (no tiene abuela) y  el cortés, aplauso que recibió de dos conmilitones, por un momento distraídos, al repetir, por cuarte vez, la calidad y hermosura de su excelente poesía.

En la esperanza de poder reunirnos para comer, de verdad, antes de que seamos viejos, este Custodio, con estas palabras ha terminado su crónica de la comida de hoy, 8 de octubre de 2020.

 

Nota

Hoy Gaspar, además de corregir, matizar y añadir olvidos al borrador de esta crónica, como siempre, es el autor de las fotografías.

 

 

 









 

viernes, 11 de septiembre de 2020

DE LAS COMIDAS DEL JUEVES 10 DE SEPTIEMBRE DE 2020


Pues resulta que sí, que en este luminoso segundo jueves de septiembre los conmilitones de Areneros 1961  hemos celebrado dos muy buenas comidas: la virtual, muy, pero que muy especial, y la presencial que, sin duda alguna,  ha sido otra extraordinaria comida.

Abierta al mediodía, como siempre, por Fernando, con su natural eficiencia y puntualidad, en  la sala de reuniones virtual,  aparecen los dos Antonios, Ramiro, Pedro, Josemari,  Lorenzo, Gaspar, y el custodio y reciben  la gran alegría de tener con ellos, desde el principio y  por primera vez  en la historia de nuestras comidas, a Jorge Dalda (ya sabéis, ese que de jovencito entró en el  noviciado para ser jesuita y, sesenta años después,  ¡ahí sigue!

Y, porque es lo mejor de cuanto hemos escuchado desde que comenzó la pandemia, oímos de los labios de Jorge el relato de cómo la noche del miércoles 22 de abril,  él solo, en el silencio y la oscuridad de una  cama de hospital, sabiendo que había llegado al final de su recorrido, con plena consciencia, literalmente se dejó caer “en manos de Dios” y se durmió en paz. Y,  aunque pueda, ¡qué cosas!, no ser un milagro, al despertar en la mañana del jueves el 23 de abril, el día del libro y de la rosa, supo que su cuerpo había comenzado a mejorar y que, por el momento, podría vivir. Y sí, fue  emocionante escuchar a  Jorge, nuestro compañero jesuita, relatar sin alharacas, con absoluta naturalidad, el terrible momento de su previsible final y, sobre todo la gran  paz que sintió al dejarse en manos de Dios. Un inmenso regalo y un gran honor es lo que hemos recibido, con su ejemplo y su relato, todos los conmilitones de Areneros 61, de nuestro querido compañero jesuita, ese que ha pasado su vida consagrado al Señor. 

 

Como es natural, luego de la intervención de Jorge, el resto de la comida virtual siguió con una  muy agradable y distendida  conversación que,  bien  dirigida por Fernando, estuvo dedicada a los temas “normales” y de la  que, salvo las  duras admoniciones para sacar del peligro que es hoy el bicho, de Lorenzo, Antonio (el amigo el notario) y el propio Fernando, a los locos imprudentes conmilitones que en esa hora se preparaban para acudir a la comida presencial, el custodio entiende que, de esta magnífica  comida virtual, no queda nada que sea imprescindible recordar.

Pues bien, si después de disfrutada la tan extraordinaria comida virtual,  el custodio pensaba que sería, además de peligrosa, poco interesante la comida presencial, se equivocaba: cuando días antes había anunciado en el WhatsApp que Ya tengo la crónica de la comida del próximo jueves: "La de hoy ha sido, sin duda alguna, la mejor de todas nuestras comidas...", estaba en lo cierto.

Pero, porque la mencionada certeza merece aclaraciones, el custodio ha tomado algunas notas y, más o menos “arregladas”, las ha convertido en  las líneas de palabras que, juntas y ordenadas, se han convertido en los párraafos  que siguen de esta crónica.

Comenzamos. En uno de los más bonitos días de este peculiar septiembre madrileño,  porque los nueve asistentes a la comida de hoy (José Luis, Pedro, Gurri, César, Javier, Santiago, el custodio, Josemari y Luis Fernando), casi los mismos que se sentaron en la mesa del Club Mirasierra en los meses de junio y julio, nada más llegar, de pie, en el  quiosco de los aperitivos, conscientes del ansia de saber que posee y no deja dormir a los conmilitones ausentes, acordaron levantar todos los secretos y abrir al general  conocimiento la lista de los miembros del grupo que conocedores  del peligro y algo  imprudentes, por el placer de estar y comer juntos los segundos meses de cada  mes,  se han saltado,  por tres veces, las serias, reflexivas, generosas y bien intencionadas,  recomendaciones de Fernando, Lorenzo y sus bastantes y casi  silenciosos seguidores.

Y, por eso, porque no hay secretos, cuento que, en el centro de la terraza, en una mesa solitaria, la comida dio comienzo, antes de la comanda, con el escanciado en los vasos bajos del muy buen aguardiente  que Santiago, ausente de Asia lo que va de verano,  para placer de todos, ha traído de Galicia.

Luego, después de que un encanto de joven señora abriese las botellas de buen Rioja, tomase nota de las ensaladas, pescados y otras viandas, la conversación, sin apartes de por medio, se hizo general: los efectos colaterales y terribles para la economía  de la pandemia que, como bien explicó Santiago, ha matado múltiples empresas y puesto en peligro los mejores negocios, no solo en España sino en todo el mundo,  hasta en Indonesia (él, que es capaz de todo, dentro de unos días volverá a visitar las islas Molucas y a bregar con su dragón, cual Quijote en Rocinante,  con los más que peligrosos molinos que pululan, como en Consuegra, Campo de Criptana o  Mota del Cuervo,  allá en Yakarta).

Claro que, no hay mal que por bien no venga: Josemari dio un aviso, que detallará pronto: en unas semanas, algunos conmilitones podremos descansar, con quien más queramos, alojados en un magnífico barco, navegando en un lujoso crucero, para olvidar por unos días las tristezas de este mundo nuestro que,  porque cambia el paradigma, se acaba.

Pero, claro que hay peros, discutiendo los matices de deseos y proyectos, se hicieron presentes los conmilitones que ahora, en estos momentos, sufren malas goteras: Antonio y Javier, el otro Javier, Livinio que mejora bien, y todos los demás.

Y, Josemari, sabio y oportuno,  puso sobre la mesa sus amplios conocimientos sobre Garabandal y los milagros, algunos en la mesa los tacharon de placebo, que puede hacer la Virgen Montañesa para curar los males de quienes creen en ella. Como no podía ser menos, para profundizar sobre el tema, se habló de Lourdes, Fátima, Guadalupe y también, porque es casi de ahora,  de Litmanova.

Y, como una cosa lleva a la otra, recordamos que  en nuestra promoción, además de Monseñor, el Prelado y Jorge, el  buen jesuita, hemos tenido al Gran  Chamán que fue José Luis SG. Vamos, que si a esto unimos los muchos primeros viernes de mes que entre todos atesoramos, pase lo que pase, el custodio piensa,  lo tenemos hecho.

Bueno, pues no se abandonaron otros rubros dignos de ser tratados: el libro del profesor Haidt, La mente de los justos, que porque lo han leído y  se lo  saben casi de memoria Pedro, César y el custodio, aconsejaron, más bien presionaron, a los conmilitones presentes y también a los ausentes,  para que, olvidando por algunos ratos sus obligaciones domésticas (pasar la aspiradora, limpiar el polvo, hacer la comida y, especialmente, obedecer a sus dueñas), lean también ellos el libro de Haidt y se olviden de mirar, a escondidas, ejemplares de la revista El Hogar y la Moda, esa que, al decir de Josemari y confirma la memoria de Gurri, no pocos conmilitones guardan, con sus más preciados tesoros, en algún cajón  secreto de sus armarios.

Y, hablando de libros, José Luis anunció que, porque ya lo tiene preparado, muy pronto ofrecerá a los conmilitones que lo quieran, ejemplares de Unas cuantas comidas y tres viajes, la esperada obra que reúne las crónicas de las comidas que hemos tenido y los viajes que hemos disfrutado  juntos a los largo de los años.

¡Ah! Además de recordar que el chocolate de Gurri, este jueves ha sido muy especial, añadir que, por una vez en muchos años, excepcionalmente,  porque todos sabemos que, aunque lo veamos difícil, gracias a Dios, la vida sigue, los conmilitones presentes dedicamos unos muy largos minutos a compartir con los demás los apreciados embarazos,  nacimientos y alegrías  que nos dan nuestros hijas y, sobre todo nuestros nietos.

 

Y ya, porque su  memoria no da para más, el custodio, termina la crónica de las comidas del segundo jueves del mes de septiembre de 2020, deseando a todos los conmilitones, salud, amor y, sobre  todo, paz.

Nota

Las fotografías de la comida virtual es de Gaspar y la de la presencial es de una señora encantadora que, no sabemos cómo,  Gurri cazó al azar.