viernes, 11 de septiembre de 2020

DE LAS COMIDAS DEL JUEVES 10 DE SEPTIEMBRE DE 2020


Pues resulta que sí, que en este luminoso segundo jueves de septiembre los conmilitones de Areneros 1961  hemos celebrado dos muy buenas comidas: la virtual, muy, pero que muy especial, y la presencial que, sin duda alguna,  ha sido otra extraordinaria comida.

Abierta al mediodía, como siempre, por Fernando, con su natural eficiencia y puntualidad, en  la sala de reuniones virtual,  aparecen los dos Antonios, Ramiro, Pedro, Josemari,  Lorenzo, Gaspar, y el custodio y reciben  la gran alegría de tener con ellos, desde el principio y  por primera vez  en la historia de nuestras comidas, a Jorge Dalda (ya sabéis, ese que de jovencito entró en el  noviciado para ser jesuita y, sesenta años después,  ¡ahí sigue!

Y, porque es lo mejor de cuanto hemos escuchado desde que comenzó la pandemia, oímos de los labios de Jorge el relato de cómo la noche del miércoles 22 de abril,  él solo, en el silencio y la oscuridad de una  cama de hospital, sabiendo que había llegado al final de su recorrido, con plena consciencia, literalmente se dejó caer “en manos de Dios” y se durmió en paz. Y,  aunque pueda, ¡qué cosas!, no ser un milagro, al despertar en la mañana del jueves el 23 de abril, el día del libro y de la rosa, supo que su cuerpo había comenzado a mejorar y que, por el momento, podría vivir. Y sí, fue  emocionante escuchar a  Jorge, nuestro compañero jesuita, relatar sin alharacas, con absoluta naturalidad, el terrible momento de su previsible final y, sobre todo la gran  paz que sintió al dejarse en manos de Dios. Un inmenso regalo y un gran honor es lo que hemos recibido, con su ejemplo y su relato, todos los conmilitones de Areneros 61, de nuestro querido compañero jesuita, ese que ha pasado su vida consagrado al Señor. 

 

Como es natural, luego de la intervención de Jorge, el resto de la comida virtual siguió con una  muy agradable y distendida  conversación que,  bien  dirigida por Fernando, estuvo dedicada a los temas “normales” y de la  que, salvo las  duras admoniciones para sacar del peligro que es hoy el bicho, de Lorenzo, Antonio (el amigo el notario) y el propio Fernando, a los locos imprudentes conmilitones que en esa hora se preparaban para acudir a la comida presencial, el custodio entiende que, de esta magnífica  comida virtual, no queda nada que sea imprescindible recordar.

Pues bien, si después de disfrutada la tan extraordinaria comida virtual,  el custodio pensaba que sería, además de peligrosa, poco interesante la comida presencial, se equivocaba: cuando días antes había anunciado en el WhatsApp que Ya tengo la crónica de la comida del próximo jueves: "La de hoy ha sido, sin duda alguna, la mejor de todas nuestras comidas...", estaba en lo cierto.

Pero, porque la mencionada certeza merece aclaraciones, el custodio ha tomado algunas notas y, más o menos “arregladas”, las ha convertido en  las líneas de palabras que, juntas y ordenadas, se han convertido en los párraafos  que siguen de esta crónica.

Comenzamos. En uno de los más bonitos días de este peculiar septiembre madrileño,  porque los nueve asistentes a la comida de hoy (José Luis, Pedro, Gurri, César, Javier, Santiago, el custodio, Josemari y Luis Fernando), casi los mismos que se sentaron en la mesa del Club Mirasierra en los meses de junio y julio, nada más llegar, de pie, en el  quiosco de los aperitivos, conscientes del ansia de saber que posee y no deja dormir a los conmilitones ausentes, acordaron levantar todos los secretos y abrir al general  conocimiento la lista de los miembros del grupo que conocedores  del peligro y algo  imprudentes, por el placer de estar y comer juntos los segundos meses de cada  mes,  se han saltado,  por tres veces, las serias, reflexivas, generosas y bien intencionadas,  recomendaciones de Fernando, Lorenzo y sus bastantes y casi  silenciosos seguidores.

Y, por eso, porque no hay secretos, cuento que, en el centro de la terraza, en una mesa solitaria, la comida dio comienzo, antes de la comanda, con el escanciado en los vasos bajos del muy buen aguardiente  que Santiago, ausente de Asia lo que va de verano,  para placer de todos, ha traído de Galicia.

Luego, después de que un encanto de joven señora abriese las botellas de buen Rioja, tomase nota de las ensaladas, pescados y otras viandas, la conversación, sin apartes de por medio, se hizo general: los efectos colaterales y terribles para la economía  de la pandemia que, como bien explicó Santiago, ha matado múltiples empresas y puesto en peligro los mejores negocios, no solo en España sino en todo el mundo,  hasta en Indonesia (él, que es capaz de todo, dentro de unos días volverá a visitar las islas Molucas y a bregar con su dragón, cual Quijote en Rocinante,  con los más que peligrosos molinos que pululan, como en Consuegra, Campo de Criptana o  Mota del Cuervo,  allá en Yakarta).

Claro que, no hay mal que por bien no venga: Josemari dio un aviso, que detallará pronto: en unas semanas, algunos conmilitones podremos descansar, con quien más queramos, alojados en un magnífico barco, navegando en un lujoso crucero, para olvidar por unos días las tristezas de este mundo nuestro que,  porque cambia el paradigma, se acaba.

Pero, claro que hay peros, discutiendo los matices de deseos y proyectos, se hicieron presentes los conmilitones que ahora, en estos momentos, sufren malas goteras: Antonio y Javier, el otro Javier, Livinio que mejora bien, y todos los demás.

Y, Josemari, sabio y oportuno,  puso sobre la mesa sus amplios conocimientos sobre Garabandal y los milagros, algunos en la mesa los tacharon de placebo, que puede hacer la Virgen Montañesa para curar los males de quienes creen en ella. Como no podía ser menos, para profundizar sobre el tema, se habló de Lourdes, Fátima, Guadalupe y también, porque es casi de ahora,  de Litmanova.

Y, como una cosa lleva a la otra, recordamos que  en nuestra promoción, además de Monseñor, el Prelado y Jorge, el  buen jesuita, hemos tenido al Gran  Chamán que fue José Luis SG. Vamos, que si a esto unimos los muchos primeros viernes de mes que entre todos atesoramos, pase lo que pase, el custodio piensa,  lo tenemos hecho.

Bueno, pues no se abandonaron otros rubros dignos de ser tratados: el libro del profesor Haidt, La mente de los justos, que porque lo han leído y  se lo  saben casi de memoria Pedro, César y el custodio, aconsejaron, más bien presionaron, a los conmilitones presentes y también a los ausentes,  para que, olvidando por algunos ratos sus obligaciones domésticas (pasar la aspiradora, limpiar el polvo, hacer la comida y, especialmente, obedecer a sus dueñas), lean también ellos el libro de Haidt y se olviden de mirar, a escondidas, ejemplares de la revista El Hogar y la Moda, esa que, al decir de Josemari y confirma la memoria de Gurri, no pocos conmilitones guardan, con sus más preciados tesoros, en algún cajón  secreto de sus armarios.

Y, hablando de libros, José Luis anunció que, porque ya lo tiene preparado, muy pronto ofrecerá a los conmilitones que lo quieran, ejemplares de Unas cuantas comidas y tres viajes, la esperada obra que reúne las crónicas de las comidas que hemos tenido y los viajes que hemos disfrutado  juntos a los largo de los años.

¡Ah! Además de recordar que el chocolate de Gurri, este jueves ha sido muy especial, añadir que, por una vez en muchos años, excepcionalmente,  porque todos sabemos que, aunque lo veamos difícil, gracias a Dios, la vida sigue, los conmilitones presentes dedicamos unos muy largos minutos a compartir con los demás los apreciados embarazos,  nacimientos y alegrías  que nos dan nuestros hijas y, sobre todo nuestros nietos.

 

Y ya, porque su  memoria no da para más, el custodio, termina la crónica de las comidas del segundo jueves del mes de septiembre de 2020, deseando a todos los conmilitones, salud, amor y, sobre  todo, paz.

Nota

Las fotografías de la comida virtual es de Gaspar y la de la presencial es de una señora encantadora que, no sabemos cómo,  Gurri cazó al azar. 







 

 


 

 

 

 

 

 

 


 



jueves, 20 de agosto de 2020

DE LAS COMIDAS, LA VIRTUAL Y LA ESPECIAL, LA DE VERDAD, DEL JUEVES 20 DE AGOSTO DE 2020

Hoy, en plena pandemia y a la espera de la tragedia anunciada, los conmiltones, carpe diem, han celebrado dos magníficas comidas que, por su importancia, merecen ser  conocidas y entrar, con espacio propio, en las crónicas del blog Areneros 1961.

La primera comida, convocada por Fernando, para ser virtual, ha sido larga; ha comenzado justo a mediodía y ha terminado a la una y media de la tarde, momento en el que comenzaba la segunda, la especial, la que ha sido presencial.

Junto a Fernando, estaba en Marbella, han participado otros cinco o seis  conmilitones: los dos Antonios, el amigo del notario desde su casa y, desde un sillón colocado delante de un decorado lujuriosamente tropical, el señor de la eterna sonrisa; Ramiro, muy cansado de tomar el sol, negro como un tito, sentado en su cuarto de estar y el Custodio, este  aún no sabe si ha oído algo (ha perdido los audífonos), o se ha imaginado lo que ha dicho  el resto de los asistentes, incluido el ínclito discípulo predilecto del P. Sanz Escorial que, por cierto,  ha estado sembrado cuando ha comunicado, con voz emocionada, la llegada al mundo de su nuevo nieto; y, para terminar, Eduardo, ese que se cartea con Monseñor que, para no dejar lugar a ninguna duda, puso a su mujer  por testigo de la intimidad que le une con nuestro Prelado.

De lo tratado en la comida hay poco que cualquiera no pueda imaginar: lo muy peligrosa que es, para los viejos, la pandemia; el riesgo que, en consecuencia,  tienen algunos conmilitones de quedar  confinados, sin salir de casa durante años y años; lo buenos que son casi todos juegando al golf; lo bien que se come en todas partes; lo poco agraciados y más bien feos, que son los miembros del gobierno.

Y, para terminar con la comida virtual, decir que el tema estrella, el que  ha sido tratado con mayor  profundidad, ha sido la lista de los conmilitones que asistirán, hay apuestas, ¡son unos imprudentes!, a la comida presencial del segundo jueves de septiembre.

En cuanto a la segunda comida, la especial, la presencial, la de verdad,  ha comenzado a la una y media de la tarde y a la hora en que se redacta esta crónica, las ocho de la tarde, no ha terminado.

¿El lugar?:  Esa  preciosa  casa que Antonio tiene en  Asturias, en medio de un prado,  en la  parroquia de Santiago del Monte,  concejo de Castrillón,  y a la que nos invita, hasta ahora sin resultado, cada vez que acude a las comidas del Club Mirasierra.

¿Los asistentes?:El anfitrión, Antonio; el Gurri, ¡mira que es imprudente el Gurri, media España en tres semanas! (seguro que ha malgastando toneladas de chocolate suizo)  y, gratísima sorpresa, también ha estado Tomás  Crooke Gorría. Y, ¡hasta en esto la comida de este jueves ha sido excepcional!, los tres conmilitones han estado acompañados por tres jovencitas que bien podrían ser sus hijas.

¿La comida?: un magnífico aperitivo, increíbles fabes con almejas de la cocina personal de Antonio y una variedad de postres asturianos que, para evitar envidias, mejor es no detallar. Sobre las bebidas, a más de la sidra, los buenos vinos, aguardientes y esas cosas, no hay palabras para loar tanta maravilla.

¿La conversación? Pues en eso no entramos, no hace falta, aunque en parte atenuada por la presencia de las tres encantadoras jovencitas, ha sido sustancialmente la misma que se ha desplegado en la comida virtual de la mañana y en las presenciales que durante ya muchos años se han celebrado y, esperemos, seguiremos celebrando, los segundos jueves de cada mes en el club Mirasierra.

En fin, una deliciosa comida a la que a todos los conmilitones hubiéramos querido asistir y por la que felicitamos de corazón a nuestros queridos compañeros Antonio, Tomás y Gurrí.


Notas

  • De la comida virtual, porque no estaba Gaspar y el Custodio lo ha olvidado, no hay fotografías pero, para compensar, tenemos algunas de la comida presencial.
  • Para la redacción de la parte relativa a la comida "de verdad", el Custodio ha utilizado el relato, cuidadoso y fiel, de Gurri.

     

     

     



     

lunes, 17 de agosto de 2020

DE LA COMIDA DEL 13 DE AGOSTO DE 2020

Escribe Diego García -  Loygorri

A pesar de las dificultades del momento cuatro conmilitones llevaron el espíritu de Areneros a la mensual reunión. Diego llegó el último pero lleno de deseo conmilitón tras varios meses de ausencia, por su operación de rodilla y el correspondiente confinamiento. Allí lo recibieron José Luis, Eduardo y Ramiro que, valientes o inconscientes, desafiaron las iras del virus.

Pero no estaban solos. Presidiendo la mesa estaba el espíritu de todos los que no pudisteis o no quisisteis asistir por siempre buenas razones. También el de los que nos han dejado pues viven entre nosotros.

Tras la correspondiente información sobre nuestra salud y la de nuestras familias llegó un breve turno de comentarios políticos, afortunadamente breves. Las alabanzas al gobierno fueron escasas.

Y allí cuatro jóvenes septuagenarios alegraron la mesa con anécdotas, comentarios y multitud de recuerdos de antaño.  Recuerdos de los momentos buenos y de aquellos en que nos hicieron pasar malos ratos pero que hoy los traemos a la memoria con una sonrisa en la cara y otra en el alma.

El P. Flores, el P. Martínez “bonzo”, el inefable Sanz Escorial y algún paisano más fueron traídos a colación con general jolgorio. Se me olvidó recordar al P. Garrido en Preu, cuyos chistes sin gracia alguna festejábamos con las más estruendosas carcajadas. En la próxima ocasión será.

Dado que a nuestra avanzada edad tenemos que cuidarnos y procurar no ensanchar el cinturón, tres de los concurrentes optaron por un menú suave de ensalada y pescado a la plancha. Pero Ramiro, en plenitud de facultades, se zampó un gran plato de paella y a continuación atacó con decisión un enorme trozo de secreto ibérico con abundancia de patatas fritas. Todo un ejemplo de hombría de bien.

El buen tiempo, el vino, la comida y, sobre todo la compañía nos hicieron disfrutar  una vez más del hecho de seguir compartiendo la vida que, tantos años atrás vivimos juntos.

A los postres José Luis tomó el relevo de Oñorbe en la función de recaudador de alcabalas y contribuciones con las que pagar la cuenta. Pero, con gran habilidad, tras recaudar los dineros de los otros tres, trató sin disimulo de preparar su fuga sin pagar su parte. Su aviesa intención fue inmediatamente abortada por Diego y los demás, como no podía ser de otra manera. Pero que conste en los anales.

El remate del día fue la expresión del deseo de que nos respete el virus y que pronto podamos todos volver a reunirnos sin las dificultades actuales.

Diego fue designado para redactar estas líneas.

Gracias por haberlas leído y que Mingo me perdone.

 

 Nota

Las fotografías de los asistentes a esta comida son de Gaspar y han salido del archivo, inmenso, del blog.