lunes, 12 de febrero de 2018

DE LA COMIDA DE FEBRERO




El jueves 18 de febrero tuvimos, como siempre, la comida de los compañeros y, también como siempre, pero un poquito más, fue un éxito.

Doce, solamente doce asistentes, por unas u otras razones excusaron su asistencia todos los demás: que estaré en Burgos con Antonio,  que e notario dice, que en Singapur...excusas y excusas, ya sabéis. 

Pero, en el comedor y en la mesa que nos gusta, la comida un éxito: el tamaño justo de la mesa y la ausencia de ruido permitieron que, desde antes de que llegase la sopa,  la conversación fuera general y el ambiente desenfadado y participativo: anécdotas, sucedidos, recuerdos delo pasado y  previsiones del mañana; Diego estuvo brillante, José Luis ¡los secretos que explicó!, Santi cauto y  silencioso, Antonio exuberante, Pedro lleno de ilusión, Pedró el Jóven, casi un matón, Josemari también habló y hablo y habló, Tomás estuvo, como Javier, prudente y Gaspar,  como en la vida,  cuando alzando la voz, gritó:
  
El fiero turco en Lepanto
en la tercera el francés
en todo el mar el inglés
tuvieron de verme espanto
Rey servido y Patria honrada
dirán mejor quien he sido
por la cruz de mi apellido
y con la cruz de mi espada.
          
 Y, por supuesto, en alarido,  preguntó: ¿Quién es, de estos versos, el autor?

Por supuesto, todos guardamos silencio y nadie respondió

 Gaspar, alegre como nunca, bramó: Pues Lope de Vega, y para que lo sepais, os diré que estos versos están está al pie de la estatua al  noble soldado español  en la Plaza de La Villa de Madrid.

 No contento con el éxito, el arquitecto, tan letrado, sin darnos respiro, prosiguió:


Un químico alemán en Torresvedras
sacaba macarrones de las piedras
e invirtiendo las operaciones
en piedras convertía los macarrones,
de donde se deduce que el químico alemán
dejaba las cosas como están


                                       
                                                  ¿Verdad que el autor de estos versos tampoco lo sabéis?


Hubo muchas cosas más, tantas  que decir algunas sería el cuento de nunca acabar, por ello, nos limiamos a  recordar que Pedro Oñórbe  tuvo a bien invitarnos  a la Jornada sobre "La teledetección en la inspección de infraestructuras” que se celebrará el día 28 de febrero, a las 17:30, en el Colegio Oficial de Ingenieros Industriales de Madrid, Calle Hernán Cortés 13 de Madrid.

Y, para terminar, deciir a los presentes y también a los ausentes, que  las fotografías de Gaspar  muestran, mejor que estas palabras, lo exitosa que fue  la comida del 8 de  febrero de 2018.


































domingo, 14 de enero de 2018



DE LA COMIDA DEL JUEVES 11 DE ENERO DE 2018

A veces, lo nunca previsto, llega. Y en la primera comida de 2018, ha llegado.

Todo hacía pensar, José Luis en la convocatoria lo había anunciado, que hoy era día importante, asuntos esenciales habían de ser tratados y la asistencia era casi obligada.

Pues no, la mesa, las mesas porque hubo dos, fuera de su lugar, en el otro comedor. Trece comensales apretados en una mesa pequeña junto a un ventanal cubierto a medias por cortinillas de madera que ocultaban  el  precioso sol de  invierno, y otros cuatro escondidos lejos, como si fueran extraños, en un  mesa de lo más normal. El ruido era tan  ensordecedor que no pocos comensales, para asombro de todos, durante mucho rato, salvo por señas, evitaron  hablar. Además, nuestra presencia, la de los diecisiete,   ha llenado de tal manera  este comedor que  hasta los ágiles  camareros han debido retorcerse para pasar entre las mesas sin caerse ni molestar.

Terrible de verdad: nadie, en la mesa de los trece,  ni los vates ni Gaspar, este Custodio no sabe si ha sido por el ruido o porque hoy  estábamos todos compartiendo la más dura astenia primaveral, estaba por hablar.  En la otra mesa, las cosas fueron de otra manera, Pedro el Joven, Fernando, Javier y Lorenzo, protegidos por los hados, para envidia de todos, se dedicaron a hablar y a hablar y a hablar…

Por fortuna, para bien,  quedaba  de diciembre, casi entera, una botella del buen aguardiente de Gaspar que,  abierta a la comanda, quedó  vacía mucho antes del final; la comida y el vino, a pesar del día, muy  bien, hasta algo mejor de lo habitual.

Ya cerca del postre, por fortuna, el comedor se comenzó a despejar  y, poco a poco, aunque inconexas y  alejadas del presente, se empezaron a escuchar sobre la mesa palabras aisladas y  hasta frases completas: …de eso no me acuerdo…pues estuvieron a punto de hacer un túnel…artritis…se enteró mi padre y, ya sabéis…pues Antonio ensayó dos días y al final, fatal…gastroenteritis…a mí también…de eso sabe Javier…cataratas…pudo ser en 3º…¡qué animal!... Santi, no está, cumplió 74 ayer…la próstata…el notario…no, no he tenido tiempo de rimar…ni golf, ni correr, como mucho mal comer y no hablar…¿sabes que …?

Las frases, ¡menos mal! enseguida  trocaron en animada conversación, los cuatro de la otra mesa se hicieron sitio en la general, Gurri sacó el chocolate y, ¡qué alegría!, la comida del 11 de enero, volvió a ser lo que siempre ha sido, deliciosamente normal.

Y, ¿sobre los asuntos esenciales, qué? Que no hubo tiempo para lo importante, que quedaron, no importa nada,  para otro día con más calma.

Para terminar, una advertencia: gran  parte de lo guapos que estamos en las fotografías de este día es fruto  de la mente y de las manos de Gaspar…