domingo, 15 de marzo de 2026

DE LA COMIDA DEL JUEVES 12 DE MARZO DE 2026

En un luminoso día que anticipa, con prunos y almendros en flor, la preciosa primavera de Madrid, en la sala virtual de Fernando, seis conmilitones de Areneros 61, bajo la experta guía de Jorge, discutíamos acaloradamente sobre la importancia  del amor y del odio, de esos sentimientos, ¡tan próximos y exigentes!, y la forma en que, junto a los pecados capitales,  sus virtudes contrapuestas y las teologales, inciden  en la configuración de nuestra sociedad, cuando las Altas Esferas, en forma de WhatsApp, irrumpieron en el lugar para anunciar que, por primera vez desde que tenemos memoria, la comida mensual, ¡hoy es segundo jueves de marzo!, no se podía celebrar en el Club Mirasierra.

¡Tremendo!, el impacto fue espantoso, el desconcierto total y solo la profunda fe de los conmilitones en la capacidad de las Altas Esferas para resolver cualquier tipo de problema,  permitió, sumidos en una inquieta pereza, mantener la calma a Jorge, Gaspar, Ramiro y el Custodio, mientras Josemari, con la diligencia que le caracteriza, intentaba convencer a Fernando, ¡este no quería por nada del mundo!, para que abriese su casa a todos los conmilitones para celebrar en ella la comida mensual. Afortunadamente, antes de que el enfrentamiento pasase a ser de palabras gruesas, un nuevo WhatsApp de las Altas Esferas, resolvió el tema: la comida de hoy, jueves 12 de febrero de 2026, se celebrará en el Club Internacional de Tenis de Majadahonda; y, con este anuncio cerró la reunión en la sala virtual de Fernando.

Así, en el gran comedor del Club Internacional de Tenis, las Altas Esferas y el Custodio, los primeros que llegaron, disfrutaron viendo aparecer, todos sonrientes, a Ignacio, Gurri, Diego, Ramiro, Gaspar, Josemari, Pedro, y Antonio, este algo retrasado porque, por aquello de la costumbre, dio un paseo desde su casa hasta la Calle Costa Brava antes de volver a Majadahonda. 

Y, esto hay que decirlo muy alto, todos y cada uno de los conmilitones, al sentarse en la mesa, recibieron un ejemplar dedicado por el autor, con letra casi legible, de Escrito para mis nietos, un precioso libro obra del Custodio, que, eso sí, fue retribuido, ¡era obligatorio!, con elogios aparentemente sinceros.

Con un menú más o menos similar al del Club Mirasierra, durante toda la comida, la conversación, ¡sin apartajos ni aspavientos!, fue intensa en la forma y  variada en los contenidos: la situación de la Hermandad del Refugio; las monjas, santas misioneras en América, de nuestras familias; la calidad de los nuevos audífonos; los apuros económicos sobrevenidos a la Asociación de Gurri; los coches más duraderos; los sindicatos, los salarios, la productividad, la calidad de las inversiones, las limitaciones de la Red Eléctrica;  y la eficiencia de la gestión en España; la doble o triple moral de los políticos…

Y, claro, también, ¡aunque interrumpidos por Fernando, que llamó dos veces para comprobar cuantos conmilitones estábamos comiendo, de qué estábamos hablando y si su persona o sus obras estaban siendo criticadas!, se habló del drama que es la guerra, de la campaña del No a la Guerra del doctor que nos gobierna y de mil cosas del extraño mundo que estamos, ¡a nuestros años!, viviendo.

También se habló, algo, pero no mucho, del II Libro del Colegio, ¡magnífico!, que preparan Gaspar, las Altas Esferas y el Custodio.

En fin, todo, aún con el cambio de lugar, sin olvidar a Pedro el Tesorero, ¡se está recuperando!, los dos Antonio, Livinio, los dos Eduardo, Santiago, y al resto de los ausentes, se habló más o menos de lo mismo que en las comidas de cualquier otro segundo jueves y todos nos sentimos extremadamente satisfechos por haber estado reunidos y disfrutando la fortuna de estar entre nuestros compañeros, ¡desde hace 70 años!, de colegio.

Y, esto ha sido una novedad especial, al final de la comida, sobre las cinco de la tarde, Antonio propuso terminar la velada tomando unas copas, en su casa, muy próxima al Club Internacional de Tenis.

Dicho y hecho, en unos minutos los conmilitones estábamos sentados en la terraza, ¡inmejorable!,  de Antonio, disfrutando de su hospitalidad, bebiendo alcohol, ¡poco!, y hablando, tranquilamente, de lo mismo que siempre.

Y, porque la memoria del Custodio algo flaquea y, ¡esto es peor!, no sabe que añadir de lo que recuerda, aquí termina la crónica de lo acaecido en este luminoso día de invierno que anuncia la primavera.

Nota: las fotografías de Gaspar aparecerán en esta entrada tan pronto sea posible, mientras tanto, por favor, aceptad, ¡contentitos!, dos pasables  que nos ofrece el señor de las altas Esferas. 






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