La convocatoria publicada
por José Luis García Calleja, el Señor las Altas Esferas, en el digno chat de WhatsApp, el
martes 8 de septiembre de 2026, decía así:
“Conmilitones todos:
pasado mañana, Dm, tendremos nuestra comida conmilitonera del mes actual. No perdáis esta ocasión que puede que no se
vuelva a repetir, así que quedamos a las 14:00 en Mirasierra. Un fuerte abrazo”
Inmediatamente, en milésimas de segundo, multitud de voces, un griterío, rezumando contenido espanto, lleno el chat
- Allí estaré.
- Tu convocatoria conmilitonera me ha producido cierta inquietud, así que razón de más para decirte que allí acudiré sin falta.
- Yo, por si acaso, iré y estaré muy atento a cuanto suceda; estoy más que preocupado por el tono de la convocatoria...
- En verdad en verdad os digo que espero veros el jueves.
- Pues os acompañaré en espíritu porque sigo moviéndome por estas recias castellanas.
- Aclaren el inquietante sentido de sus palabras o…
- Iré a la comida porque es inquietante.
- Estaré en la misteriosa comida, con ánimos renovados.
- ¡Que ganas de conocer ese misterio!
- Ya nos contaréis a los que, por motivos de distancia, que no por deseo no podemos asistir el anunciado toque de arrebato.
- Qué barbaridad! A ver si ahora que ya no estoy la vamos a fastidiar.
Y claro, a las dos y
media de la tarde, este jueves 10 de septiembre de 2026, para celebrar la comida mensual, esa que, al perecer, puede que no se vuelva a repetir, nueve conmilitones
de Arneros 61, estábamos sentados alrededor de una mesa redonda, en un precioso día del final del verano
madrileño, en el comedor pequeño del Club Mirasierra, en silencio, mirando, del
todo expectantes, al, ¡muy callado y, parecía muy, muy distraído!, Señor de las
Altas Esferas.
El silencio se hizo casi
casi angustioso, tanto que fue un respiro escuchar la voz, solemne y grave,
primero en francés y luego en español, de Josemari, para felicitar, en nombre de
todos a su hoy ausente primo, que ¡al fin!, cumple ochenta y dos, asegurándonos, además, que ¡ahora
mismo!, Antonio, ¡sonriendo asustado!, duda sobre cómo convencer a su señora esposa
para hacer realidad la invitación que nos ha hecho, ¡sin darse cuenta!, para
cenar esta noche en su casa.
Y, por eso de no dejar
hablan tranquilo a Josemari, alguien trajo a colación a otro primo, a José
Miguel, para loar su saber sobre el espinoso tema de la Razón y la Fe, la calidad
de sus libros sobre el tema y la promesa de compartir una de sus obras, ¡la más
dura!, con todos nosotros. Y otro alguien, ¡Gurri!, recordó que la mejor y más
bonita zamarra de piel, ¡obscura!, era, frente a las rojizas de Ramiro, de Antonio
y las de algunos más, la del mismo José Miguel.
Luego, algo relajado el ambiente, Pedro
O, como un niño con zapatos nuevos, ¡José Luis GC le ha traído dos álbumes con
sellos viejos!, César e Ignacio comenzaron a disertar, ¡a gritos!, primero sobre
enfermedades y luego, ¡faltaba más!, sobre las bondades de los nietos.
Más avanzada la comida, Santiago
sufrió múltiples preguntas sobre la actual Indonesia; Josemari volvió a hablar,
y Pedro el Joven, pronunciando sus palabras con extremo rigor, puso los puntos sobre las íes al lío de Ceuta, las estafas piramidales en Internet y los olvidos, ¡los olvidos!, cada día
más frecuentes, en las conversaciones de los conmilitones.
Ya en los postres, después
de un cálido y dolorido recuerdo de Jorge Dalda y de todos nuestros muertos, una apremiante
llamada de Fernando reclamando, ¡muy serio!, por cuenta de los asistentes a las
reuniones virtuales, él mismo, Ramiro, Antonio el Obispo y Gaspar, información fiable
sobre aquello de puede que no se vuelva a repetir, devolvió el silencio
a la mesa y las miradas a las Altas Esferas.
José Luis, paseando la
mirada sobre la cabeza de todos, ¿azorado?, sin aparentes dudas, comenzó: “gracias a
Dios lo tengo todo guardado y os voy a enviar, mejor, el custodio os va a
enviar, varios trabajos, publicados en revistas muy serias, a mediados del
siglo pasado, de Manuel Villalonga Guerra, ¡mi sabio suegro!, sobre Los Reyes Católicos
y Hernán Cortés, que estáis obligados a leer y disfrutar. He dicho”
Volvió el silencio. ¡Eso
está muy bien José Luis, pero lo del puede que no se vuelva a repetir…!, se
atrevió a repreguntar el Custodio.
Y, el Señor de las Altas Esferas ¡respondió!: “…aunque no me gusta lo voy a confesar: me he pasado la mañana pensándolo y no he conseguido acordarme de qué es lo que quería decir cuando lo escribí lo del puede que no se vuelva a repetir…
Fue tal el jarro de agua
fría ¡o de tranquilidad! que recibimos los asistentes que, de lo que ocurrió después,
el custodio, ¡aliviado!, entró en shock y, por ello, tiene que cerrar esta crónica porque
no recuerda nada más.
Nota: la fotografías de
la reuniones virtuales son, como siempre, de Gaspar, y la de la comida no se
sabe de quién.








