Jorge, el niño capaz de
cualquier travesura, desde escapar de los recreos, alterar el orden de las
filas, atacar el reloj de la torre del Colegio de Areneros, o pensar y hacer
cualquier maldad, ese que, con la mayor seguridad afirmaba que no le gustaba
estudiar, al terminar preuniversitario, obedeciendo la llamada del Señor, entró en el Noviciado para ser, toda su vida, el más obediente y
disciplinado miembro de la Compañía de Jesús.
Jorge, filósofo, teólogo,
maestro y pastor, abierto en el pensamiento, empático y respetuoso incluso con
los más alejados de sus creencias, siempre, siempre, estuvo lleno de amor a los
demás.
Y, ahora, en el momento de
su marcha, como soldado de Cristo, al Cielo, nosotros, sus compañeros del
colegio, desde el recuerdo del niño travieso que fue y el entrañable amigo que
siempre ha sido, con un hasta pronto Jorge, despedimos a nuestro, muy querido, jesuita
Jorge Luis Dalda Mourón.
Sean estas palabras
testimonio de nuestro pesar a la familia de Jorge y a la Compañía de Jesús.

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